Ganar una elección no es tan difícil
Por: Camilo Muñoz
En Colombia, como se ha denunciado en múltiples ocasiones, ganar un cargo de elección popular, no es tan difícil como se cree, esto porque, claramente, existe la compra y venta de votos, en algunos lugares del territorio se murmura que se puede hasta garantizar paquetes de mil votos, o dependiendo la necesidad, por parte de algunos registradores.
En
el caso que me atañe, por ejemplo, al haber sido candidato al Concejo de
Florencia (Caquetá) en dos oportunidades (2015 con 325 votos y 2019 con 425
sufragios a favor), fui testigo, de primera mano, de este fenómeno político
electoral. Cabe aclarar que la primera vez lo hice por el Polo Democrático
Alternativo, con cero recursos económicos, contando con el apoyo de un mecenas
que donó una publicidad mínima, que cobijó pocos barrios del municipio. Ese fue
uno de los errores, pero bueno, ese no es el punto.
Aunado
a lo anterior, en el 2019, luego de mi renuncia al Polo, simpaticé y milité en
la Alianza Verde. En esta contienda aprendí mañas politiqueras que, por
supuesto, no practiqué –ni practicaría- para ganar comicios algunos. Traigo a
colación algo relevante: Caquetá y Florencia son regiones de tradición
conservadora y de vertiente uribista, donde poco a poco los que nos llamamos
alternativos vamos ganando terreno.
“¿Cuánto
está dando por el voto?” es la frase popular que se escucha, infortunadamente,
en los barrios periféricos de la ciudad. “Ayúdeme y yo lo ayudo”, es otra de
las flamantes expresiones que vociferan algunas –o tal vez muchas- personas.
Por ser tierra goda, como lo mencioné en el párrafo antecedido y por ser una
región golpeada por las Farc y por asociar este desaparecido grupo guerrillero
con la izquierda, es que todo aquel que piense distinto a la ideología que
pregona el senador y expresidente Álvaro Uribe, sea considerado “mamerto”,
“guerrillero”, “profarc”, “castrochavista” y hasta “comunista”. Pero eso no es
todo.
Los líderes de $ 60.000
Pese
a que tenemos en contra el apasionamiento por un líder político de
ultraderecha, a este se suma el factor dinero, pues aquí no solamente se compra
el voto, sino que, se creó una figura que en esta parte del país se llaman
“líderes” y “coordinadores de zona”. Un líder es aquel que tiene el propósito
de conseguirse entre 5 y 10 personas, que no solo harán campaña, sino que
aseguran votar por equis candidato. Entre tanto, los coordinadores se
comprometen a guiar mínimo a 10 líderes. Por lo regular tienen bajo
subordinación a 30 líderes.
En
otras palabras, un coordinador de zona, con 30 líderes, puede ponerle a un
candidato 180 votos. 30 (líderes) + 150 (personas que consiguen los líderes,
partiendo de una base de 5)= 180. Posteriormente se recoge la información y se
archiva en bases de datos, comprobando que todos votan en el municipio y luego
“encuestando” a estas personas, donde, por medio de un call center se llama y se pregunta por el candidato de su
preferencia. En un caso hipotético: Lucho quiere ser candidato a la Alcaldía, la
persona encuestada debe responder que va a votar por Lucho y saberse su número
en el tarjetón, de no ser así, el líder o el coordinador se encargarán de
persuadirlo hasta que así lo manifiesten.
Y
aquí es donde vienen los pagos, como se le llama a este supuesto “bono” o
“auxilio” que no son más que eufemismos para comprar votos. Sencillo. A cada
coordinador se le pagan quincenas de $ 200.000 (son seis quincenas: dos en
agosto, dos en septiembre y dos en octubre), más una bonificación de $ 200.000
el día de elecciones. Es decir que un coordinador “vale” $ 1’400.000. El pago
del líder es igual, solo que este devenga menos $ 60.000 por quincena ($
360.000 en los tres meses), más la bonificación. En otras palabras: 560.000
(pago total) X 30 (líderes)= 16.800.00 + 1’400.000 (coordinador de zona)= $
18.200.000 son lo que cuesta conseguir 180 votos.
Ahora
bien, para dar la pelea, nuestro personaje Lucho (recordemos que es ficticio),
debe tener, mínimo, 50 coordinadores con sus respectivos líderes.
Matemáticamente: $ 18.200.000 X 50= $ 910.000.000. Y sumemos más si es que hay
plata. ¡Ven por qué asevero que ganar una elección no es tan difícil como
parece! Eso sí: el voto es casi que seguro, pues no hay nadie más agradecido
que aquella persona a la que un político le pagó para que trabajara en su campaña.
Aunque pueden venir los líderes o coordinadores de otro partido o movimiento a
convencerlo$, eso es, me duele escribirlo –y decirlo- “normal”.
Y
eso que aquí no hablamos de lo que se paga por un voto, porque es algo real.
Finalmente,
recordemos que estos casos se dan en ciudades como Florencia, donde, pese a ser
capital de departamento existe un notable atraso político, social, económico,
cultural, ambiental y educativo. Y abonémosle el abandono estatal y la
informalidad laboral por encima del 60 %. Aquí el famoso voto de opinión que
gana en Bogotá, Medellín y Cali es escaso.


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