Si no hay consenso, el uribismo continuará en el poder

Por: Camilo Muñoz

Falta exactamente año y medio (mayo de 2022) para las elecciones que elegirán a la máxima autoridad política en Colombia, el presidente. Ante esto, ya se han destapado varias cartas que quieren apostarle a residir en el Palacio de Nariño por un cuatrienio, hay de todos los gustos, colores y carismas, con protagonistas de las marcadas tendencias políticas: izquierda (radical, si se quiere) y derecha (extrema), Sartori (2009) las explica así: “en sus intenciones de fondo y en su autenticidad, la izquierda es altruismo, es hacer el bien a los demás, mientras que la derecha es egoísmo, es atender al bien de uno mismo” (p. 98), hasta el mal llamado –y afamado- centro, que políticamente no existe, tal como lo sostiene Rodríguez (2003), “el centro no es una doctrina o ideología política, sino solamente es el aprovechamiento «oportunista» de una coyuntura derivada de otras posiciones políticas” (p. 25), que se la juegan, desde ya, para conquistar los votos de los electores.  

Conocerlos para vencerlos

 Uno de los éxitos propagandísticos que han tenido quienes han gobernado a Colombia desde el Ejecutivo, es contar con el apoyo de los medios de comunicación para expandir, o bueno, también infundir, un miedo y una tergiversación de la instauración propia de su gobierno y de sus contradictores. Por ejemplo: se muestran a ellos como los salvadores, la panacea a los malos mandatos (que, por cierto, siempre han ostentado), y desclasifican y estigmatizan a sus detractores políticos con sofismas y neologismos rebuscados.

Es importante resaltar que “los miembros del gobierno, por ejemplo, creen que ejercen el poder desde su autoridad autorreferente (es decir, referida a sí mismos)” (Dussel, 2006, p. 14), esto, sin duda, porque es el pueblo el fin e inspiración del poder mismo, es decir, se debe actuar en beneficio de él, no contrario a él. Por eso el poder soberano es ejercido, activa o pasivamente, por el pueblo, los mandatarios son su representación, pero como se ignora esto, es donde quienes mantienen el poder aprovechan para seguir colocando mandatarios y perpetuando sus ideales y, por supuesto, el (su) statu quo

En ese sentido, Dussel (2006) nos refiere a la fetichización del poder, el cual consiste en «una "Voluntad-de-Poder» como dominio sobre el pueblo, sobre los más, sobre los débiles, sobre los pobres” (p. 44), que no es más que la hegemonía del poder tradicional sobre el vulgo. Es propicio decir, entonces, que “el poder fetichizado es esencialmente antidemocrático, porque se autofundamenta en su propia voluntad despótica” (p. 45), y doblega al otro, lo minimiza, por ejemplo, con sus planes de gobierno, los cuales, en últimas, no generan ningún progreso en la sociedad; sigue habiendo, aunque parezca cliché decirlo, pobres más pobres y ricos más ricos.

Imagen: Precandidatos presidenciales. Tomado de: https://lasillavacia.com/partidor-anticipadisimo-del-2022-79139 

Pero… ¡no todo está perdido!

Cada vez los alternativos (como se les denomina en Colombia a quienes pretenden un cambio desde el poder, porque, como lo recita Pasquino (2020): “el poder es necesario para generar un cambio”), son más, por eso es importante conocer –y destacar- lo que argumenta Dussel (2006) en su segunda tesis, cuando hace referencia a que “el poder lo tiene siempre y solamente la comunidad política, el pueblo (…) aunque sea debilitado, acosado, intimidado, de manera que no pueda expresarse” (p. 26), pero, no todo está perdido, tal como lo menciona la introducción de este artículo, “en un momento histórico hay una cierta organización social de sectores, de clases, de grupos que en alianza se transforman en un bloque histórico en el poder” (Dussel, 2006, p. 53), en concordancia, es importante aprovechar este momento coyuntural, dado que los que hoy tienen el poder, han generado una crisis institucional y casi que estatal, pues han exprimido y flaqueado el sistema al punto de volverlo ingobernable, en otras palabras, quienes ejercen el poder no lo utilizan en favor de los necesitados, sino de unos pocos, por tal razón, dice el argentino, una “institución se vuelve burocrática, autorreferente, opresora, no funcional, es necesario transformarla o suprimirla” (2006, p. 57).

Aquí es donde se debe aprovechar la acción del “ciudadano [que] se hace presente públicamente en el ejercicio de algún momento del poder” (Dussel, 2006, p. 49), independientemente si el candidato por el que votó ganó o no, para que, con su cierto grado de formación política, coadyuve en la democratización y elección de un nuevo líder político. Por tal razón, defiende Dussel, “la acción política deberá estar muy atenta en observar, respetar e incluir, si es posible, el interés de cada uno de los grupos, sectores, movimientos” (2006, p. 52), en suma, me identifico con el académico precitado, “de lo que se trata es de determinar o mejorar los diversos tipos de democracia” (p. 63), y mejorando la democracia (esto es, por supuesto, derrotando a las castas políticas tradicionales), se dará un giro –o bueno, eso es lo que se espera- en el modo de vivir de los colombianos. Al menos tendrá que ser la génesis del cambio.

Consenso=victoria

El consenso (consensus), dice la Real Academia Española, es un “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”, o sea, es la manifestación de voluntad, en el caso estudiado, de querer –y lograr- un gobierno diferente, alternativo. Dussel lo resume muy bien: “si las voluntades pudieran aunar sus objetivos, sus propósitos, sus fines estratégicos, alcanzarían mayor potencia” (2006, p. 24). No en vano es explícito reconocer que “la voluntad consensual da a la acción colectiva fuerza, unidad, poder de alcanzar los propósitos” (2006, p. 49). En Colombia, aunque lo hemos pregonado en multitudinarias manifestaciones, no lo habíamos entendido todavía, “el pueblo unido, jamás será vencido”, tal como sí lo han captado otras naciones latinoamericanas.

Sin embargo, dicho “consenso debe ser un acuerdo de todos los participantes, como sujetos, libres, autónomos [y] racionales, para resistir a los ataques y crear las instituciones que le den permanencia y gobernabilidad” (Dussel, 2006, p. 25), en otras palabras: no pueden haber ruedas sueltas, si hay consultas internas en un partido, el ganador debe ser apoyado por sus copartidarios derrotados, si hay, en cambio, una consulta interpartidista entre políticos que comparten un acuerdo programático diferente al que siempre nos han propuesto, quienes no salgan victoriosos, por el bien de la democracia, deberán acoger el resultado y respaldar a quien fue elegido como candidato único, ir, cada uno por su lado, como ocurrió hace dos años, no producirá ninguna alternancia en el poder.

Además, el fruto de estas elecciones, tiene un valor agregado que comprenden los jóvenes, pues como aclara Dussel (2006), “la acción política se funda más en la fraternidad (un valor positivo) que en la pura enemistad” (p. 51), tal como sucedió en la época de la Violencia. En yuxtaposición, Dussel, citando a Gramsci, revela que “si la clase dominante ha perdido el consenso, no es más dirigente, es únicamente dominante, detenta la pura fuerza coercitiva” (p. 53). Esa es la estocada final por la que se ha mantenido la derecha en el poder: porque mientras se unen en torno a la burocracia, la izquierda nunca llega a acuerdos por problemas, muchas veces, de egos. Este es otro tema en el que se puede ahondar.

Finalmente, “la política es ante todo una acción en vista del crecimiento de la vida humana de la comunidad, del pueblo, de la humanidad” (p. 75), esa razón debe imperar en las elecciones del 2022. Que todos los alternativos, sean uno, para que, mediante el consenso, se llegue a la victoria, al poder. 

 

Referencias bibliográficas

Dussel, E. (2006) 20 tesis de política (Tesis I-X): Siglo XXI editores. https://enriquedussel.com/txt/Textos_Libros/56.20_Tesis_de_politica.pdf

Pasquino, G. (2020). ¿Por qué el mundo necesita la Ciencia Política? Universidad de San Buenaventura, Bogotá (Conferencia virtual). Recuperado de: https://www.facebook.com/C.Politicausbbog/videos/816154212479610/

Real Academia Española (2020). Definición consenso [en línea]. Recuperado de: https://dle.rae.es/consenso

Rodríguez, A. (2003). El «centro» en política. Revista Fundamentos en Humanidades (En línea) 2003, IV. Recuperado de http://sociales.redalyc.org/articulo.oa?id=18400802

Sartori, G. (2009). La democracia en 30 lecciones. Taurus editores. Lección 1 y lección 20.


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